miércoles, 9 de diciembre de 2020

Enseñar a comunicarse en tiempos de COVID-19

Nunca me he considerado una persona empatica sino alguien que practica un poco de cordialidad básica, es por ello que siempre me ha llamado la atención cuando mis amigos y gente que me conoce dicen que soy una persona llena de empatía y mi respuesta es “En realidad no”.

Una de las cosas que he venido repitiendo a mis alumnos desde el inicio de la pandemia es que debemos aprender a ser considerados los unos con los otros, no es algo extraordinario, es simplemente algo de sentido común.

La comunicación es clave dentro del ámbito educativo y por la forma como se desarrolla en la actualidad, llega a ser necesario mantener una comunicación constante. No a todos nos agrada esto, y me incluyo, pero los años y las experiencias vividas me han demostrado que aprender a comunicarse de una manera sana y adecuada puede ahorrarnos muchos malos entendidos y problemas en el futuro. Y creo que esta practica es importante en estos momentos cuando todo se ha vuelto online y a pesar de toda la amplia tecnología que tenemos, el hecho de que aun no sepamos comunicarnos, es alarmante.

La razón por la que deseo reflexionar sobre esto es porque he notado que a nuestros jóvenes les cuesta mucho expresar sus ideas por temor a las represalias que sus pensamientos puedan traer para ellos y me hace pensar en ¿quienes les han hecho tanto daño para creer que tener criterio propio es algo negativo?

En la actualidad, muchas cosas se encuentran ocurriendo y es corto el tiempo que tenemos para poder procesar toda la información que tenemos disponible. Es complicado intentar comprender lo qué pasa por al mente de todos y al mismo tiempo, ponerse un instante en el sitio del otro, es un ejercicio que deberíamos practicar mas a menudo.

¿A que se debe esta necesidad? Al simple hecho de que si no somos un poco empaticos con lo que esta ocurriendo, podemos terminar siendo parte de un problema en lugar de una solución.

He visto adolescentes y adultos jóvenes que no son capaces de mantener una conversación en línea o presencial con alguien por temor a las represalias como lo mencione anteriormente, por lo que prefieren decir lo que creen los demás desean escuchar y claro, esto no supone un problema hasta que te das cuenta que realmente, no pueden dar una opinion propia a menos que alguien les de una pauta de lo que necesitan decir.

He estado leyendo al respecto y varios autores coinciden en que la educación, no solo en estos momentos sino en general, debería concentrarse en conseguir que los estudiantes sean capaces de razonar por si solos y tener pensamiento critico y abstracto. Pero la duda es ¿cómo  consigues tal cercanía si no son capaces de hablar?

El gran reto que tenemos en estos momentos como docentes y como seres parte de una sociedad es el aprender a comunicarnos de una manera saludable, en la que prevalezca la necesidad de escuchar al otro no para responder, sino para comprender lo que le ocurre y en base a eso, trabajar juntos.

Crear un canal de comunicación en donde ambas partes se sientan cómodas y no se sientan juzgadas no es tarea sencilla, se debe trabajar mucho la parte emocional y al mismo tiempo, brindar la seguridad de que se encuentran en un espacio seguro donde nadie sera juzgado o atormentado por tener una opinion distinta.

En una sociedad “homogénea” como la que nos quieren vender como “normal” es importante recalcar que la diversidad juega un papel importante para romper ese paradigma y crear una normativa que ya no raye en ello sino en algo mas heterogéneo, más dinámico y flexible.

Los salones de clase vienen a ser la segunda casa de muchos alumnos ya que no pueden encontrar ese tipo de apoyo y comprensión en sus familias pero encuentran un lugar de pertenencia en un espacio creado por otras personas que quizás sean distintas o parecidas pero que buscan comprenderse en lugar de juzgarse.

Crear un sitio seguro donde el dialogo es fluido es responsabilidad del docente pero en conjunto con el alumnado. Es importante recalcar que no se trata de buscar conflicto por las diferencias sino enriquecerse de ellas en el proceso. La labor del docente es la de mediar estas diferencias y recalcar que al ser distintos nos enriquecemos de lo que el otro haga o tenga conocimiento. No se trata de juzgar lo distinto sino apreciar lo positivo de ello.

La comunicación ha sido una necesidad constante del ser humano y al encontrarnos rodeados de tantos medios tecnológicos resulta absurdo creer que aun existan quienes no pueden expresarse por completo, pero en realidad existen, no porque no puedan hablar sino porque no han podido encontrar el espacio adecuado en el cual desarrollarse y mostrarse tal y como son.

Enseñar a los alumnos a comunicarse es una labor constante y requiere tiempo, paciencia y dedicación pero al mismo tiempo, resulta satisfactorio ver los resultados cuando finalmente se puede ver a un alumno que antes se encontraba cohibido ante los demás, brillar con su propia luz porque ha logrado encontrar su voz y hasta su grupo de personas.

Los salones de clase en este 2020, sean físicos o virtuales, siguen siendo los espacios seguros para muchos de nuestros alumnos y como docentes, nos encontramos en la constante responsabilidad de ayudarles a encontrar su propia voz.

martes, 8 de diciembre de 2020

Crónicas de un docente en medio de una pandemia

Sinceramente, no sé el porqué estoy escribiendo esto pero creo que necesito solo sacarlo de mi sistema por un momento. Es el año 2020 y estamos a menos de 3 semanas de terminar el año 2020 que ha sido uno de los más largos y más extraños que he vivido, aunque no el más extraño.

Como saben, trabajo como profesora en una universidad y la ultima vez que pude ver a mis alumnos en un salón de clase fue en marzo 12 de 2020. Salí de ese edificio creyendo que en una semana y media volvería a mi rutina de siempre pero nada ha sido lo mismo desde ese entonces. Han sido meses de incertidumbre, de no dormir, de tener multiples sensaciones que nadie puede entender y no se pueden explicar.

Cada quien en los últimos meses ha intentado sobrellevar esta pandemia catalogada como “La pandemia más cómoda” porque solo hemos tenido que quedarnos en casa pero al mismo tiempo, la pandemia que ha puesto en evidencia lo mucho que nos hace falta crecer y darnos cuenta de lo que realmente ocurre. Muchos dicen que todos estamos en el mismo barco pero no es la verdad, el barco de unos es mucho mas cómodo que el de los otros.

Al ser docente, tuve que migrar de las clases presenciales a las clases virtuales, campo que pocos han explorado y para lo que muchos no hemos estado preparados. Fueron días y semanas de noches largas, de leer, de investigar, de auto educarse y al mismo tiempo, de balancear los problemas personales con los del trabajo. Se ha conseguido un sistema que funciona en base a practica y error pero se que aun se puede mejorar pero para ello, hay que mejorar otras cosas, porque no toda la responsabilidad recae sobre los docentes sino del otro lado igual.

Muchos creen que la educación virtual no funciona y pocos han podido adaptarse a todo este nuevo sistema, pero son varias caras de la moneda, que en realidad es un cubo porque hay que ver las cosas desde una perspectiva que va más allá de lo que muchos logran comprender.

Migrar a una plataforma en línea con poco a cero conocimiento de como realizarlo ha sido un reto tan grande que muy pocos han decidido continuar y muchos otros han decidido solo tirar la toalla. Y no ha sido solo un reto para los profesores sino también para los alumnos que han debido poner a prueba sus habilidades con el uso de la tecnología y la informática básica. También ha sido un reto grande para sus padres, ya que ahora deben balancear no solo su parte profesional sino literal, la vida familiar al mismo tiempo. Y no hablemos de los padres que han tenido que dejar a sus hijos a cargo de sus hijos mayores o sus propios padres (adultos mayores) porque los trabajos que realizan no les permite hacer trabajo remoto sino presencial. Otros se han quedado sin empleo debido a los cortes de personal, e incluso se encuentran realizando pequeños trabajos de repartidores o arreglos esporádicos.

Ha sido un cambio drástico para todo el mundo pero eso es algo que no todo el mundo desea escuchar. Las únicas historias que conocemos son las que vivimos y experimentamos, por eso me resulta tan difícil hablar con otras personas porque lo que yo estoy mirando ahora mismo, no solo es a los estudiantes recibiendo clases sino a los alumnos desde la privacidad de sus hogares en donde se puede evidenciar muchas cosas, cosas que a veces pueden ser incomodas para algunos y motivo de bromas para otros.

Entre mis alumnos tengo estudiantes de universidad, colegio, doctores, abogados, gente que trabaja en oficinas e incluso jóvenes que se sienten frustrados y con sus sueños truncados porque se supone este iba a ser el año en el que empezarían sus carreras universitarias pero COVID-19 cambió los planes de muchos de una manera drástica.

Tengo alumnos a los que veo desde sus computadores o teléfonos celulares, intentan mostrarme una sonrisa amigable pero que se desvanece en instantes porque a veces hay días buenos y otros días en los que la incertidumbre puede mas. Familiares dentro de casa que se encuentran enfermos, problemas entre los padres, el tener que cambiarse de casa porque ya no pueden pagar el arriendo, volver donde sus padres para cuidarlos y al mismo tiempo, reducir gastos. Son muchas las historias que esta pandemia deja para muchos.

En mi salón de clase, hay días en los que todos nos olvidamos un momento de lo que esta ocurriendo y podemos reírnos con libertad al darnos cuenta que no estamos tan solos como creíamos, y que nos podemos hacer mutua compañía. Hay veces que veo a mis alumnos doctores que se encuentran haciendo rondas en el hospital con todos los implementos que deben usar, encienden brevemente las cámaras para saludar y luego las apagan sin antes decir “Voy a apagar la cámara pero si le estoy escuchando profe, disculpe que no pueda estar al 100% hoy pero me tocó cubrir esta guardia a mi porque un colega se enfermó”  y no puedo evitar pensar en mis propios amigos y conocidos que son medicos y personal de la salud que se encuentran lidiando con el dichoso virus de primera mano, me preocupo por cada uno de ellos pero es poco lo que puedo decirles salvo agradecerles por la labor que realizan, cosa que a veces los anima y otras veces me comentan que son pocos los que realmente les han llegado a decir eso en estos momentos y eso me causa tristeza porque se nota como damos por hecho tantas cosas. Veo en sus rostros cansancio y a veces escucho lo que me cuentan, el como a veces desearían poder solo irse a sus casas y poder ver a sus familias, muchos de ellos han decidido salir de sus casas e irse a vivir en cuartos pequeños por su cuenta para no exponer a los suyos. Son muchos los sacrificios que están realizando y me da tristeza darme el saber que pocos realmente aprecian lo que están haciendo.

Y aquí es cuando mi indignacion me puede mas porque veo todo el sacrificio que ellos hacen por gente desconocida y ellos no son capaces de hacer algo tan simple como ser cuidadosos. Muchos con sus comentarios estupidos, porque no encuentro otra palabra para describirlo cuando dicen “Los mas fuertes sobrevivirán”.

Y me pongo a pensar en cuanta falta de empatía tenemos en estos años que nos vale madres tanto los demás, no solo por el COVID-19 sino por todo en general. Estamos en el año 2020 y no solo tenemos que lidiar con una pandemia sino también con la estupidez e ignorancia de algunos que tristemente nunca deja de sorprenderme. Hablan como si ellos no tuvieran familiares que son frágiles de salud, hablan como si la vida de los demás no valiera absolutamente nada, pero que esperamos realmente de una sociedad que ve en sus propios politicos una carencia de valores y empatía tan grande que buscan constantemente aprovecharse de lo que los demás están haciendo, al punto de enriquecerse ilícitamente en medio de una pandemia. Es que hay que ser miserable para aprovecharse de la gente hasta en estos momentos. Y sin ir muy lejos, como los indices de violencia han aumentado drásticamente al punto de que ahora esta casi normalizado el escuchar de estos casos.

Pero no voy a hablar de la corrupcion ni de la violencia en este momento, eso quizás para otra oportunidad, solo quiero dar mi punto de vista sobre las cosas que se dicen y no se dicen ahora mismo sobre esta pandemia. 

Puede que no hable mucho con nadie en estos momentos o mis respuestas a las conversaciones ahora mismo sean algo esquivas, quizás me he vuelto mono-temática cuando repito constantemente que lo que nos falta ahora mismo es más empatía y mejor comunicación pero es algo que puedo evidenciar de primera mano como docente. Ahora mismo, no solo estoy educando a mis alumnos según el curriculum que debemos seguir sino al mismo tiempo, estoy tratando de ayudarles a lidiar con todo esto que esta ocurriendo, nadie sabe como manejarlo, es la primera que están viviendo algo como esto y ante tanta frustración, lo único que he podido decirles es que no podemos controlar lo que hacen los demás, pero si ser responsables de nuestras propias acciones. Y esto es algo que podemos aplicar para casi todo en nuestras vidas.

Todas las labores que estamos realizando todos en estos momentos son relevantes e importantes, todos estamos viviendo esta pandemia de diversas maneras, nadie sabe lo que el otro ha tenido que vivir y hacer en estos momentos para poder salir adelante. No seamos parte del problema pero si parte de la solución.

Gracias a los que se han tomado el tiempo de leer todo esto, quizás no estén de acuerdo con algunas cosas que he dicho, pero sinceramente, necesitaba sacarlo de mi sistema. En estos momentos todos tenemos un rol importante durante esta pandemia, hay que cerciorarnos que estemos haciendo lo correcto para poder salir de ello pronto. 

Por favor, cuídense mucho, a los suyos y a los demás y espero poder verlos pronto.